Goyo Jiménez: «Cuando hacemos comedia, describimos los problemas del ser humano de una manera lúdica y didáctica»
GOYO JIMÉNEZ
Cómico
El humorista cree que para hacer un buen espectáculo hay que documentarse mucho. / ERM
Goyo Jiménez (1970, Melilla) es humorista y un verdadero ‘especialista’ en asuntos americanos. De hecho, casi le contratan en la CIA por la seriedad con la que maneja todo lo que le encargan. Pero no quiso aceptar la nacionalidad estadounidense porque se siente muy madrileño, casi tanto como el quinto artículo de la Constitución española. Mientras estudiaba Derecho, soñaba con ser actor, leía a Aristófanes y escribía guiones sobre la idea nietzscheana de la muerte de Dios. Y, al final, de tanto filosofar, se le ocurrió la idea de crear el conocido espectáculo ¡Aiguantulivinamérica!, con el que viene de nuevo al Cine Capitol para hacernos reír con uno de los monólogos en Madrid más recomendables. Lo hace cada sábado a las 20:00 horas hasta el día 29 de abril.
Has vuelto a subirte al escenario del Teatro Capitol para repetir tu famoso monólogo cómico ¡Aiguantulivinamérica! ¿Cómo describirías la acogida que te ha brindado el público?
Noto a la gente más necesitada de risa que nunca. Siempre nos gusta pasárnoslo bien, aunque ahora casi lo hacemos por prescripción médica. Estamos muy enfermos. No sé si es por el clima de crispación social y política, la ‘ecoansiedad’ o la crisis económica… El caso es que sentimos que nos han robado el futuro.
Antes uno podía darse el lujo de ser optimista y de pensar: «Ya vendrán tiempos mejores». Sin embargo, parece que, mañana, las cosas estarán igual o peor. Y eso hace que tengamos muchas ganas de reírnos de la desgracia, porque así podemos llevarla con más soltura.
Entiendo que esta no es una forma muy optimista de empezar la entrevista, pero creo que esto es como cuando uno tiene un problema con el alcohol. Lo primero que hay que hacer es asumirlo. Luego, hay que tratarlo. Y, en este caso, el único remedio es la risa.
¡Aiguantulivinamérica! está basado en la comparación de dos modos de vida: el que tenemos los españoles y el que tienen los estadounidenses. O por lo menos, los que son nuestros modos de vida según el cine. ¿Qué diferencias nos separan?
Ahora mismo, pocas. Me deprime un poco ver las mismas cafeterías, tiendas, tecnologías, ropas y canciones en todas partes. ¿No es, en cierto modo, desesperante? La globalización está muy bien cuando se trata de evitar enfrentamientos entre identidades… Lo malo es que también acaba con la creatividad particular.
«En la serie The Newsroom, hay un periodista al que le preguntan: «¿Por qué EE. UU. es el mejor país del mundo?». Él decide responder a esa pregunta explicando por qué no lo es»
¿Qué es lo que te parece más gracioso de los americanos?
Que todavía creen que su país es el mejor del mundo. Recuerdo que, en la serie The Newsroom, hay un periodista al que le preguntan: «¿Por qué EE. UU. es el mejor país del mundo?». Él decide responder a esa pregunta explicando por qué no lo es. Deberían fijarse, por ejemplo, en la cuestión sanitaria o la educación…
Preferiría vivir allí antes que en otros sitios peores, pero la concepción que tienen sus ciudadanos del régimen en el que viven no me parece muy real. No es perfecto. Me encanta cuando dicen eso de: «Confío en la justicia americana». La verdad es que yo no sé si confiaría en la justicia de ningún país.

Goyo Jiménez nos anima a reírnos y reflexionar en ‘Aiguantulivinamérica’. / ERM
¿Y lo que menos?
La gente que niega la evolución. Y, en general, aquellos que, dentro de un sistema que protege su capacidad para decir tonterías, dicen chorradas antisistema.
Te formulo de nuevo las dos preguntas anteriores, pero poniendo en el foco a los españoles.
Entroncando con lo último que he dicho, hace tiempo que vengo notando una cosa que me preocupa bastante. Hay muchas personas que opinan con gran contundencia sobre cosas de las que no saben nada.
Yo estudié Derecho, y me guardo mucho de sostener determinadas afirmaciones sobre las leyes porque nunca he ejercido como abogado. En cambio, otros las critican con una soltura… Parece que hubieran formado parte del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).
Pasa lo mismo con las vacunas o la ecología. La gente está dispuesta a matar por ideas que desconocen. No es capaz de tener una dimensión adecuada de sí misma. Eso, por un lado, me hace muchísima gracia.
De hecho, estoy escribiendo un monólogo sobre eso. En los últimos tiempos, nos han quitado una enorme cantidad de cultura y conocimiento para que vayamos justos en este viaje que es la vida. Y, ahora, tenemos que ir recuperándolo en un momento en el que lo inmediato es cada vez más valorado.
¿No te has planteado nunca que podríamos votar a Chat GPT para que fuera presidente del Gobierno? Si le preguntamos, nos va a contestar siempre. Tardará cinco o seis segundos dependiendo de las personas que lo estén usando, pero no te esquivará, como la mayoría de los políticos.
Construyes tus monólogos a partir de una amplia cantidad de temas… ¿Cómo preparas tu material de trabajo?
Una de las cosas que a mí me da mucho miedo es repetirme. Pienso que no tiene sentido. Me aburre y, además, no quiero que la gente venga a verme por segunda vez y diga: «He visto lo mismo».
En la actualidad, estoy preparando un espectáculo nuevo que se llama Misery Class. En él me propongo reflexionar sobre las razones de que nos haya tocado un asiento tan complicado en este trayecto. Para prepararlo, estoy haciendo lo mismo de siempre: leer mucho. La documentación y la preparación previa son los elementos más importantes en mi trabajo.
«Los de mi generación no teníamos Netflix ni Internet cuando éramos jóvenes. Dependíamos de nosotros mismos para no morirnos del asco en la adolescencia»
Como explicabas antes, tú estudiabas Derecho. En principio, ibas a ser abogado, pero hace ya mucho que decidiste adquirir formación teatral. ¿Cómo te diste cuenta de que esta era tu vocación?
Si te digo la verdad, no lo sé. La primera profesión artística que quise probar fue la de pintor y dibujante. Luego empecé a hacer viñetas y a escribir guiones, lo que me llevó a interesarme por el cine… Y así he pasado toda mi vida, saltando de una cosa a la otra. Siempre he sido un culo inquieto.
Los de mi generación no teníamos Netflix ni Internet cuando éramos jóvenes. Dependíamos de nosotros mismos para no morirnos del asco en la adolescencia. Empecé a hacer todas estas cosas por eso. Y, cuando descubrí el teatro, vi que tenía control sobre lo que hacía y que al público le molaba.
Además, entonces la cosa tenía un punto underground. No se había institucionalizado, era una actividad punki. Lo que hacías le gustaba a la gente de tu edad. Y decías: «Joder, algo estamos haciendo muy bien, si a los mayores les desagrada».
Para que todo el mundo se haga una idea de lo tarado que estoy, un día comenzamos a hablar sobre Nietzsche y su afirmación de que Dios había muerto en una clase de Filosofía, y a mí y a mis compañeros se nos ocurrió hacer una obra de teatro retratando la situación y la sustitución del fallecido por una nueva deidad a la que le hacíamos una entrevista.
El estudio de las leyes te debe haber venido bien siendo cómico. Miguel Lago me contaba hace unos meses que, a pesar de que os asiste el derecho a la libertad de expresión, podéis llegar a tener problemas legales bastante serios por vuestras bromas…
El humor siempre ha sido un termómetro con el que podemos medir nuestro derecho a hablar libremente. Su instrumentalización como tal se remonta a la antigua Grecia, en la que el dramaturgo Aristófanes criticaba el sistema democrático ateniense. Llamaba corruptos, prevaricadores y sinvergüenzas a sus representantes delante de sus propias narices, y se reía de sus ideas.
Las autoridades se dieron cuenta de que ese era un juego peligroso e intentaron convencer al pueblo de que este arte era feo, burdo y de mal gusto. Desde entonces, siempre se le ha apartado de los premios y los reconocimientos sociales. ¿Por qué? La respuesta a esta pregunta es que no queremos que nos digan lo que somos a la cara.

A Jiménez le hacen gracia las personas que opinan sobre un tema sin conocerlo. / ERM
Cuando hacemos comedia, describimos los problemas del ser humano de una manera lúdica y didáctica . Nos miramos a nosotros mismos al espejo y decimos: «Oye, que eres muy tonto y se están aprovechando de ti».
Sus críticos dicen que no es seria, pero yo me pregunto qué es serio en la vida. ¿Cobrar una nómina, meterte en una hipoteca y acabar igual de muerto que el que se ríe? Es que es ridículo. Creo que este es el primer problema sobre el que hay que reflexionar. Yo siempre lo digo en mis espectáculos. No debemos enfadarnos con la ficción, ya que esta es un espejo y los feos somos nosotros.
Las doce campanadas
Sitio más bonito de Madrid: Valdemorillo. Tiene unos entornos naturales maravillosos. Puedes hacer senderismo y disfrutar de los pantanos. Además, se come muy bien.
Una tarde cultural en: Cualquier sitio de Gran Vía, que tiene una buena oferta de teatro.
Un lugar para comer bien: La Primera, en el número 1 de Gran Vía.
Su monumento preferido: El Ángel Caído del Retiro.
¿Se ha comido alguna vez las uvas en la Puerta del Sol?: Sí, cuando volaban botellas de champán por el aire. Tenías que ir con casco de Kevlar, como a la guerra de Ucrania [ríe].
Un plato, alimento o producto madrileño: El cocido.
Una calle: La plaza de la Marina española.
Sitio desconocido de Madrid al que llevarías a un extranjero: A cualquier lugar de la sierra, que, por desgracia, no es tan conocida como nuestra ciudad.
Canción que te recuerde a Madrid: Un africano por la Gran Vía, de Radio Futura.
¿Cibeles, Neptuno, u otra fuente para los triunfos deportivos?: Yo la fuente que uso es Sans Serif. Soy del Betis [ríe].
¿Ha bailado un chotis?: Sí, en el teatro.
¿Qué tiene Madrid que no tiene otra ciudad?: Que, como decían los clásicos, es un crisol de razas y culturas porque es una encrucijada de caminos. Y que sale en el artículo V de la Constitución: «La capital de España es la villa de Madrid» [ríe].
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