Sandra Aza: «Madrid, en el Siglo de Oro, era el paradigma de la apariencia, daba igual quién fueras, lo importante era quién parecías ser»

SANDRA AZA

Escritora

Sandra Aza Libelo de Sangre Entrevista portadaSandra Aza presenta su novela, 'Libelo de sangre'. / Paola Gómez

Sandra Aza acaba de publicar Libelo de Sangre (Planeta). Ella ha perseguido su sueño, ha dejado atrás su profesión como abogada en un despacho madrileño para dedicarse a escribir. En esta novela nos sumerge en la historia del Madrid de los Austrias, haciendo un homenaje a la capital con una trama centrada en un proceso llevado a cabo por la Inquisición.

Libelo de Sangre es tu primera novela, pero hasta esta publicación tú te dedicabas a otro tema totalmente distinto. Eres (o eras) abogada, ¿no? 

Yo siempre digo que un abogado nunca deja de serlo, pero es cierto que dejé de ejercer precisamente para escribir e ir en busca de ese sueño que me surgió y no me dejaba en paz, así es que al final tuve que ceder.

¿Y te surge el sueño o es algo que siempre habías tenido ahí? ¿Cómo haces ese cambio de la abogacía a ponerte a escribir?

Yo siempre tuve el sueño de escribir una novela y además lo tenía clarísimo, quería escribir una novela del Madrid del siglo XVII. Lo tenía muy claro.

¿Tenías claro hasta el siglo sobre el que escribir?

Sí, sí, la época de Felipe III, Felipe IV, ese Madrid a mí me fascina, me apasiona. Y siempre dije que quería escribir una novela. Pero escribir una novela es una aventura que tienes que pensarla mucho si de verdad quieres hacerlo en serio, te lo tienes que pensar porque dedicas muchísimo, muchísimo tiempo. Tiempo de la novela y tiempo que no es de la novela, que pertenece a tu gente, a tu familia… y al final, se lo quitas a ellos para dedicárselo a la novela. Hay que planteárselo bien, pero muchas veces el sueño no te deja plantearte nada, simplemente el sueño se impone y ya está, te pone al borde del precipicio y luego te da un empujón y ya está, ya caída libre.

Está siendo una muy buena caída porque es una novela que sé que está teniendo una muy buena acogida y que, además para el público madrileño, se va a convertir en una novela absolutamente imprescindible ya que se adentra en un Madrid histórico apasionante. Libero de sangre, ¿por qué el título?

Bueno, un libelo de sangre son acusaciones falsas, que en este caso culpaban a los judíos de secuestrar niños cristianos para torturarlos, crucificarlos y después acopiar su sangre y utilizarla en rituales oscuros, de magia negra. En torno a este concepto sobre el libelo de sangre pivota toda la toda la trama, toda la novela.

«Una de las penas era el paseo vergonzante. Te subían en un borrico, te paseaban por Madrid mientras te azotaban y te lanzaban de todo»

Me consta que muchísima investigación detrás de esta novela, sobre las calles del Madrid, sobre expresiones que surgen en la época, como la palabra ramera o la expresión dar gato por liebre. ¿De dónde viene esa expresión?

Claro, hoy en día no comemos gato, pero en aquella época sí. Se comía gato y se cocinaba también. Estaban las famosas empanadillas de carne, que era un picadillo de carne, y nadie se atrevía a preguntar de qué animal era esa carne, porque incluso algunos llegaban a decir que los ahorcados en la Plaza Mayor no llegaban íntegros al cementerio. Dar gato por liebre era exactamente eso. La liebre era evidentemente un alimento muchísimo más caro y la picaresca del momento hacía que tú pidieras liebre pero te sirvieran gato, y te cobrasen liebre. Además, era un delito. Como te pillasen, te denunciasen y lo acreditasen, lo que ocurría era que tenías un castigo que estaba asociado, que era el paseo vergonzante, que consistía en que te subían en un borrico, te paseaban por todo Madrid, y los madrileños te tiraban garbanzos y de todo y, mientras tanto, un sayón iba detrás de ti azotándote la espalda.

Sandra Aza Libelo de Sangre Entrevista portada libro

‘Libelo de sangre’ es un thriller histórico sobre Madrid.

Entiendo que dados tus orígenes en la abogacía habrás utilizado mucho tus recursos jurídicos en la novela. Hablas de asesinatos, de delitos… ¿Cuánto, de esa formación que arrastras de tu profesión anterior, hay en esta primera novela?

Bueno, hay mucho porque claro, aquí hay un asesinato. Es una asesinato ritual, la Inquisición se tiene que encargar de investigar el caso y, a raíz de eso surgen toda una serie de tramas, porque el protagonista es un muchacho de trece años que está intentando salvar a sus padres, que es a quienes la Inquisición está acusando de estos crímenes. No solamente está la trama de Madrid, sino también esa trama jurídica. Por supuesto, el bagaje de ejercer la abogacía me ha servido de mucho porque en eso no ha cambiado mucho, un procedimiento jurídico es más o menos igual, y la terminología también.

«La novela es un thriller histórico que tiene al lector intrigado desde el principio»

Tenemos parte de novela histórica, parte de thriller histórico y parte también, como dices, de novela jurídica, ¿no?

Sí, realmente es un thriller histórico porque al lector le tienes intrigado desde el principio, le tienes que no sabe qué va a pasar.

Volviendo al tema de Madrid, sus calles y el origen de sus nombres. ¿Hay alguna en concreto que te haya sorprendido de tu investigación y que destacarías especialmente?

Las calles bueno, a mí me llamó mucho la atención la Calle de la Cabeza, donde estaba la Cárcel de la Corona. Recomiendo a todos a todos los que nos lean que vayan a visitarlo porque de verdad merece la pena. La historia de la calle es que en ella vivía un sacerdote que tenía un criado. Un día, el criado le asesinó, le robó todo y se marchó con el botín fuera de España. El crimen quedó sin resolver y, el criado, con esa fortuna, se convirtió en caballero y prosperó, y ya convertido en un caballero regresó a Madrid. Entonces, un día le apeteció un potaje con una cabeza de cabra, así que se fue al Rastro y compró la cabeza de cabra. Era totalmente legal comprar una cabeza de cabra, entonces se la metió debajo de la capa. Lo que pasó fue que iba dejando un reguero de sangre, por lo que le paró un alguacil. Al ir el antiguo criado a abrir la capa, apareció la cabeza del sacerdote. Quedó tan espantado que confesó el crimen y fue ahorcado en la Plaza Mayor. Ya entonces se quedó la calle como la Calle de la Cabeza. De hecho, en la placa ilustrativa que está en la calle, está la historia con la cabeza de cabra y la cabeza del sacerdote. Es una historia sanguinolenta.

O sea que hay una parte de leyenda con esa transformación de la cabeza de cabra… ¿Pasa mucho esto de que haya parte de mito detrás de los nombres de las calles de Madrid?

Sí, porque esto es una leyenda. Bueno, te dicen que efectivamente al hombre luego lo ahorcaron en la Plaza Mayor. Además que iba un cortejo y un criado con una bandeja de plata con la cabeza del sacerdote detrás de él camino al patíbulo. Cuando le ahorcaron y él murió, la cabeza del sacerdote se convirtió en la cabeza del animal otra vez. Te lo puedes creer o no, pero eso sí, se quedó en el mapa de Madrid.

«La Biblioteca Nacional ha sido como mi segunda casa durante los 4 años de proceso de documentación para la novela»

¿Y alguna otra calle que te haya llamado mucho la atención?

A mí me llamó mucho la atención cuando estaba El Prado y el final de aquella zona de Madrid terminaba en Recoletos. Y, ¿por qué se llamaba Recoletos? Pues porque donde hoy está la Biblioteca Nacional, había un convento de monjes Recoletos. De ahí viene el nombre de Paseo de Recoletos, y a mí eso me llamó muchísimo la atención porque yo la Biblioteca Nacional la he visitado muchísimo para documentarme, ha sido mi segunda casa durante cuatro años. Yo pensaba, “aquí hubo un día un convento”. Allí llegaban los carruajes con las damas haciendo la rúa, que era a la hora del paseo. Primero todos iban por la calle Mayor, pero después, en verano, se extendía por la Carrera de San Jerónimo, que era una zona muy garbosa, para presumir mucho. Y se extendía hasta lo que era Recoletos, y allí daban la vuelta y volvían.

«Todos los personajes que dieron brillo al Siglo de Oro estaban en Madrid»

En esta misma sección de entrevistas tuvimos a Alejandra Hernández, que también ha escrito un libro histórico, en este caso desde otro punto de vista, porque se centra en la higiene a lo largo de las diferentes épocas, y decía que el Siglo de Oro solo tuvo de oro el nombre, porque fue un siglo donde había un mucha miseria. ¿Por qué te llama tanto la atención?

Por el contraste, porque efectivamente el Siglo de Oro fue un siglo en el que había muchísima miseria, mucha pobreza, sordidez, violencia, corrupción, indigencia… Era una época muy difícil de vivir, pero en Madrid teníamos aquí a todos los que han dado brillo a ese siglo. Teníamos a Cervantes, teníamos a Góngora, a Lope de Vega, a Velázquez… Pero no es que los tuviéramos, es que estaba ahí el Mentidero, los representantes en la Calle del León, los teníamos aquí al lado, es decir, estaban paseando por aquí las grandes actrices de aquella época, la bella Amarilis o la Calderona… Es que estaban todos. Esos son los que dan brillo al Siglo de Oro y todos esos estaban aquí.

«Todo era apariencia. Te alquilabas un criado, pero por horas, la hora que duraba el paseo para lucirlo y lucirte»

Me ha encantado cómo lo has definido: el contraste.

Sí, además era un contraste doble. No solamente era el contraste de la miseria y la sordidez que había, porque la había, y las opulencias de la alta sociedad. Por otra parte estaba el contraste del Barroco. Estamos en pleno Barroco, ese contraste de la apariencia, y aquí en Madrid que era la Corte, era el paradigma de la apariencia, es decir, aquí daba igual quién fueras, lo importante era quién parecías ser. Si tú eras un don nadie pero parecías don, esto estaba perfecto. Si no tenías dinero para comprarte una manta de abrigo, daba igual. Tú te tenías que alquilar un carruaje, porque le tenías que decir al mundo que tú te podías permitir un carruaje. Te ibas a la plazuela de herradores a alquilarte un criado, pero lo alquilabas por horas, la hora que duraba el paseo para lucirlo y lucirte. Era todo apariencia, entonces este contraste a mí me fascina.

Sandra Aza Libelo de Sangre Entrevista Carlos Echeguren

Sandra Aza con Carlos Echeguren tras la grabación del podcast. / Paola Gómez

«El madrileño es alegre e irónico por naturaleza, es divertido, es acogedor. La gente de Madrid sabe ser feliz.»

¿Encuentras algún parecido con la época actual en eso de la apariencia? Por ejemplo con las redes sociales, que se cuelgan fotos, digamos, con un cochazo que en verdad es alquilado.

Sí, la apariencia siempre ha estado ahí. Al final una foto dice lo que tú quieres que se vea en ella. Tú ves a alguien con una sonrisa y en realidad está llorando, y aquí pasaba lo mismo, con ricos y pobres. Aunque fueran pobres, tú les veías y parecía que estaban en un edén cuando en realidad estaban sufriendo infiernos, pero tú les oías y en los mentideros les escuchabas esas risas y decías, «pero esta gente, ¿cómo puede reírse?» Pues porque ellos a su manera y en su mundo eran felices. Bueno, ahora nosotros no lo entendemos porque tú abres un grifo y sale agua, pero en aquella época no ocurría. No puedes echar de menos lo que no tienes, con lo cual, ellos vivían con lo que tenían y sabían ser felices. El madrileño es alegre e irónico por naturaleza, es divertido, es acogedor. La gente de Madrid sabe ser feliz.

«Los mentideros, que en Madrid había tres, eran el lugar de cotilleo por excelencia»

Por descubrirle alguna cosa histórica e interesante a nuestros lectores y a la gente que nos vea, hablas de los mentideros. Cuéntanos, ¿qué son los mentideros?

Los mentideros eran el lugar de cotilleo por excelencia. Madrid tenía tres mentideros, en Libelo de Sangre están los tres bien reflejados. Está el Mentidero Oficial de la Villa, eran las gradas de San Felipe, que lo teníamos en la Puerta del Sol, justo enfrente de lo que hoy es La Mallorquina, en la Casa Cordero, pues ahí teníamos la Iglesia de San Felipe el Real. El templo estaba construido en una pilastra y, entre él y la Lonja de San Felipe, había una separación, que llegaba a la Calle Mayor. En esa separación había unas gradas, unas escaleras, y entonces la gente iba allí a pasar la tarde y a charlar.

¿Y los otros mentideros?

Los otros eran las Losas de Palacio, que estaba en el Alcázar, que hoy es el Palacio Real. La plataforma que rodeaba todo el Alcázar en aquella época era bastante más grande, tenía muchos edificios alrededor. Había una plataforma y allí era donde estaba el Mentidero, digamos, erudito. Este era el Mentidero en el que se hablaba de temas empresariales, de cuestiones de Estado, de temas administrativos; pero también se decía lo elegante o poco elegante que era Felipe III, Felipe IV, Isabel de Borbón o la realeza. Es decir, era de un calado intelectual mucho mayor, pero los de allí también caían en temas bastante poco intelectuales.

Se ha perdido un poco esa costumbre de reunirse en sitios concretos y específicos para hablar, ¿verdad?

Qué pena, ¿no? Ahora hablamos por pantallas y por las redes y hacemos comentarios y es una pena porque ahí no es donde está el contacto humano. Y lo de las redes es relativamente reciente, en el siglo XX la gente se reunía a hacer tertulias en el Café Gijón o en el Café de Oriente. Y creo que se sigue haciendo. Creo que además, el hecho de que últimamente hayan proliferado mucho las pantallas, ha hecho que la gente esté volviendo un poco a lo de antes. Del libro electrónico se está volviendo el libro en papel, porque la gente es como que quiere recuperar. Yo creo que sí, que quiere recuperar ese contacto humano, y por eso se reúnen.

Hay un tema que da para para mil historias, que es la Inquisición. En el libro se habla bastante a ese respecto y, como nos decías, ha habido mucha labor de investigación. Cuéntanos un poco ¿qué es lo que sucedía con la Inquisición aquí en Madrid? ¿Cómo funcionaba?

La Inquisición aquí en Madrid era bastante particular porque claro, Madrid era Corte, pero no tenía tribunal inquisitorial. La jurisdicción dependía de Toledo, entonces en ese sentido Toledo era superior a Madrid, pero como Madrid era Corte, aquí necesitaban algo que representase a la Inquisición. Lo que hacía Toledo era enviar inquisidores en Corte, y se llamaban así, inquisidores residentes en Corte. Siempre había muchas polémicas entre los inquisidores en Corte y los de Toledo, porque los de Toledo se sentían superiores a los de Madrid y los de Madrid se sentían superiores a los de Toledo porque eran la Corte, pero la Inquisición era un tribunal religioso que estaba muy interiorizado en la vida de los ciudadanos.

«Hay mucha leyenda, la Inquisición no torturaba tanto, tenía una reglamentación muy estricta, y también la jurisdicción civil torturaba»

¿Y qué hay de verdad en lo que nos ha llegado de las torturas de la Inquisición?

Hay mucha leyenda, la Inquisición no torturaba tanto, tenía una reglamentación muy estricta. El castigo final del procedimiento era más doloroso que la tortura y claro, ese castigo final, más doloroso que la tortura solo había uno, y era la hoguera, con lo cual solamente se sometía a cuestión de tortura los delitos con sentencia condenatoria, que llevaban a la hoguera. Lo que pasa es que la tortura se hacía muy pocas veces: en tres siglos y medio hay computados 2.900 tormentos, que nos puede parecer horrible y muchos, pero en tres siglos y medio no es mucho. Estaba prohibidísima la tortura a embarazadas, a niños y a ancianos… y no se podía derramar sangre. Esto no suaviza la cosa, es decir, la tortura dolía muchísimo y era horrible, pero no era como lo que la leyenda nos cuenta. Estaba muy reglamentada, la tortura formaba parte del Derecho español y europeo, es decir, la tortura era un medio probatorio. La Inquisición era un tribunal religioso, pero la jurisdicción civil también también usaba la tortura, y la usaba de manera menos benevolente que la Inquisición. De hecho, cuando entraban en una cárcel civil, muchos presos empezaban a blasfemar para que se los llevaran, porque el procedimiento inquisitorial era más benevolente. En el pleito civil, te torturaban nada más empezar.

Siempre ha habido esa lucha entre jurisdicciones, ¿no?

Sí, y cuando cada uno no tiene su jurisdicción y sus competencias, al final pueden generarse confusiones. Aquí no, porque la verdad es que estaba todo bastante compartimentado y cada uno sabía lo que era suyo, pero la tortura estaba en las dos jurisdicciones. En España y en el resto de Europa era algo muy interiorizado, igual que la condena de muerte. La pena capital estaba también interiorizada y formaba parte del Derecho europeo.

Sí, lo vemos todo con unos ojos muy de ahora pero quizá antes no era como lo vemos hoy.

No, es que no se puede juzgar, en Libelo de Sangre toda la Inquisición está tratada de una manera absolutamente exenta de juicios, de disquisiciones valorativas, es decir, es una ficción, está tratado como una ficción, es una historia que pudo pasar o no, pero la Inquisición está tratada según la reglamentación del momento y ya está, he intentado no opinar sobre la Historia. Sobre la Historia no se puede opinar, al menos con los ojos de ahora.

¿Qué más vamos a encontrar de Madrid en la novela? Para la gente que quiera descubrir cosas en tu libro.

Vamos a encontrar la ciudad entera. Es que toda la ciudad entera es un personaje, es un thriller histórico en el que Madrid está en cada página.

Así que Madrid es un personaje más de la novela, ¿no?

Se podría considerar que es un personaje, sí. Ha sido mi humilde homenaje a esta ciudad que adoro.

Mi primera vez

Por Irene García

«En un momento dado ese sueño que yo tenía de escribir me venció y me obligó»

Sandra Aza Libelo de Sangre Entrevista libro

Sandra Aza dejó la abogacía para perseguir su sueño de escribir. / Poala Gómez

Es tu primera novela pero, ¿cuál fue el primer libro que te marcó y te aficionó a la literatura?

El primer libro que me llegó fue hace muchísimos años, ya ha llovido muchísimo, fue La historia interminable, de Michael Ende. Y luego, el segundo fue El señor de los anillos, que además fue todo un reto para mí, porque claro, digamos que yo no me había leído libros muy gordos y este era uno muy grande. 

O sea, que lo primero que te marcó fue la fantasía y la ficción

Sí, La historia interminable. Además, me enamoré de Atreyu, estaba absolutamente enamorada, yo tendría 10 años y luego ya cuando vi la película y al actor de Atreyu pues me enamoré todavía más. Ese libro es el primero que me dejó huella.

Esto respecto a lo que tú leías pero, ¿qué fue lo primero que escribiste?

Yo escribía cuentos, me daba por escribir cuentos. Tenía un un cuaderno y allí escribía cuentos. Y es una pena porque no los conservo. Yo creo que tenía 8 o 9 años. Siempre he sido una persona que me ha gustado estar como en mi habitación con mi imaginación y mis cosas, y momentos muy bonitos que he vivido han sido en mi habitación leyendo. Era como que me iba, me iba a otros mundos y me fascinaba. Todo el tema de leer y ponerme a vivir otras vidas, me gustaba muchísimo. Era una manera de viajar, yo estaba allí con mi libro y no necesitaba más. En esa época no había móviles, había dos cadenas en la televisión, y yo soñaba con el vídeo beta y el VHS para ver La historia interminable, Grease y Karate Kid, porque estaba enamoradísima de Ralph Macchio. Yo era muy enamoradiza, me enamoré de Atreyu, de Ralph Macchio y, por supuesto, de Patrick Swayze, de Dirty Dancing. Pero vamos, mi gran amor fue Atreyu, sin duda alguna.

«Me metía en el cine de mi barrio a las cuatro de la tarde y me veía tres veces la misma película»

Justo te iba a preguntar por algún referente o ídolo, pueden ser literarios o de cine.

Bueno, era el cine de la época, a mí me me gustaba mucho, era otra forma de hacer cine. El Imperio Contraataca, por ejemplo. Yo me acuerdo que en aquella época había el cine de mi barrio, el Cine Candilejas, y entonces tenía la famosa sesión continua, y a mí me metían allí a las cuatro de la tarde y me veía tres veces la misma película hasta que cerraban en el cine y me echaban.

¿Algún escritor que te haya llegado mucho y que sea referente para ti?

Mi entrada en la novela histórica fue con Wilbur Smith. Me gustaba muchísimo todo el tema de Egipto, me dejó absolutamente enganchada y ese fue el inicio de la novela histórica para mí. La verdad es que yo leía lo que me caía. Además, en aquella época los Reyes Magos consistían en eso: dos libros, una sorpresa y una prenda de ropa. Esos eran los Reyes Magos de la época. Y el roscón, si te tocaba el regalo del roscón eras feliz. A mí me regalaban los libros de la colección de Puc y de Los cinco, y luego había otra que era El club del misterio, que me fascinaba también. Me gustó mucho Agatha Christie, una vez que me metí en la historia, ya no he vuelto a salir de ahí. Todo lo que me leo es thriller histórico o novela histórica. Hasta entonces Agatha Christie era mi pasión, la descubrí con El club del misterio. Su primer libro me lo compró mi padre en la Cuesta de Moyano, el de Diez negritos.

«Me daban la paga, eran unas 25 pesetas, y en vez de gastarlo en chucherías lo guardaba para ir a la Cuesta de Moyano»

Qué sitio tan mágico para un escritor, la Cuesta de Moyano, ¿no?

Sí, además es que era mi pasión ir a la Cuesta de Moyano, siempre eran los sábados por la mañana. Me daban a lo mejor 25 pesetas o algo así, esto que te daban tu sueldo de la semana, eran 25 pesetas y entonces yo pues en vez de gastarlo en chucherías lo guardaba para ir a la Cuesta de Moyano y comprar, porque había todo tipo de libros, como Las mellizas en Santa Clara, que me gustaban muchísimo.

Hablabas de esas 25 pesetas, ¿cuál fue tu primer sueldo?

Mi primer sueldo fue trabajando de administrativa. Mi hermana vive en Estados Unidos y me llevó allí para vivir un año con ella. Yo tenía 17 años, y para poder pagarme el viaje, estuve trabajando durante el verano. No recuerdo cuánto dinero fue, pero me dio para el viaje de ida, el de vuelta y otro viaje en Navidad.

¿Cuál es ese momento en el que decides que quieres escribir y publicar una novela?

Bueno, yo empecé a escribir Libelo de sangre y la verdad es que fue como si el libro tuviera vida. Yo creo que la historia estaba dentro de mí y en un momento dado ese sueño que yo tenía me venció y me obligó, digamos, a dejar mi vida de lado para dársela a él. Y en ese momento, cuando empiezas, no te das cuenta de verdad de dónde te estás metiendo. Empiezas y es como algo muy romántico todo, pero cuando la cosa se empieza a poner en seria, cuando ya es un camino de no retorno y empiezan las tramas, sabes que hay una historia que te queda mucho por caminar, pero que solo puedes ir hacia delante. En ese momento es cuando dices: «bueno, esto tiene que volar». Esta fue mi experiencia, es decir, yo era una abogada que tuvo una locura y se puso a escribir. Un escritor de profesión se pone a escribir con la intención de publicar, pero yo la verdad es que no tenía esto en la cabeza.

«La abogacía es otra profesión que tampoco tiene horarios, pero tenía mis sábados, mis domingos, mis vacaciones… con la literatura no hay eso»

¿Es más dura la escritura que la abogacía?

Sí. Sí, porque la abogacía es otra profesión que tampoco tiene horarios. Cuando te surge un plazo y el juez dicta sentencia, tú tienes que recurrir y recurres en el plazo que te da la ley, y si ese plazo termina el lunes y tienes que trabajar durante el fin de semana pues trabajas. No tiene horarios y requiere mucha dedicación. Aun así es social, vas a tu trabajo y te relacionas. Con la literatura lo que pasa es que ese momento en que estás dando a luz, digamos, es muy solitario, es muy sacrificado. El libro te pide muchos momentos que no son suyos, son de tu familia, son de tus amigos, son de salir a tomar algo, y todos esos momentos se los queda el libro. Es un oficio muy sacrificado en ese sentido, necesitas mucha fuerza de voluntad. Ejerciendo la abogacía, yo recuerdo que tenía mis sábados, mis domingos, mis vacaciones y mi Semana Santa, pero luego con la literatura no. Además, es una especie de obsesión, solo quieres escribir, necesitas estar ahí delante del ordenador. 

¿Cuál fue la primera persona a la que enseñaste los borradores de Libelo de sangre?

Mi gentil caballero, mi marido. Ha sido mi referente todo el tiempo. Luego están mis editoras, por supuesto, pero la persona que me ha acompañado desde que nació, ha sido él. Es muy crítico, siempre dice la verdad y eso me venía muy bien porque claro, la lisonja vacía es de mediocres, te tienen que dar la crítica constructiva para que aprendas y construyas y veas el defecto, porque al final cuando estás tan metido, no te das cuenta. Me decía: “Oye, pones mucho esta palabra, tu editora te va a decir que lo quites”. Y efectivamente. Pero, sin mi marido, Libelo de sangre no existiría.

El tema de las críticas es complicado, ¿has tenido que enfrentarte a alguna negativa?

A ver, cuando tú sueltas algo como esto te expones, sales al escenario y ahí puedes gustar a la gente o no. Entonces a mí la crítica no me importa, es más, agradezco la crítica constructiva, es decir, esa que no va a hacer daño, sino que va a construir y no a destruir. La verdad es que, como te sabes de memoria lo que has escrito porque ya te lo has leído mil veces, no caes en cosas. Y a mí eso me ha pasado muchas veces, de mirarlo con otros ojos y decir, anda, pues tiene razón, y yo para eso no tengo problema en decir, «oye, pues tienes razón».

De cara a un futuro, ¿vendrán más obras?

Sí, habrá más, sí, pero de momento me voy a quedar en la novela histórica y dentro de Madrid.

Sandra Aza Libelo de Sangre Entrevista podcast

Sandra Aza durante la entrevista y la grabación del podcast. / Paola Gómez

Las doce campanadas

¿El sitio más bonito de Madrid? El Templo de Debod. Sale en la novela y es a donde Juan, uno de los personajes, va a ver los atardeceres porque dice que es allí donde el cielo tiene toda su gloria y recibe toda la gloria que el hombre roba a la tierra.

¿Una tarde cultural en…? En el Madrid de los Austrias, empiezas en la Calle Mayor y luego bajas por El Arenal y tienes para contar infinitas historias. De hecho, la novela comienza por las calles de este Madrid.

¿Un lugar para comer bien? Yo es que soy una fanática del chocolate con churros, es lo que más me puede gustar en el mundo chocolate con churros, así es que te voy a llevar a San Ginés. 

¿Plato, alimento o producto madrileño que te guste más? El bocadillo de calamares, no me puede gustar más. Como te lo hagan bien es un manjar. En el bar El Brillante no te los pueden hacer más ricos.

¿Te has comido alguna vez las uvas en la Puerta del Sol? Sí, fue una de las pocas Nocheviejas que no me he comido todas las uvas porque no podía, no me daban las manos con el matasuegras, además me dio un ataque de risa y me atraganté.

¿Has bailado alguna vez un chotis? Sí, mal, pero lo he bailado.

¿Un sitio de Madrid al que irías a leer o escribir? El Retiro, sin duda alguna, en la parte de la Cuesta de Moyano, de Alfonso XII.

¿Cibeles, Neptuno u otra fuente para celebrar? Si vamos por el fútbol, lo siento muchísimo pero es Cibeles. Si es por fuentes culturales, me quedo con la Fuente de Diana o la Fuente del Buen Suceso.

¿Sitio poco conocido de Madrid al que llevarías a un amigo? Le llevaría a la Cárcel de la Corona, porque además es que ese sitio no es nada conocido. Está en la Calle de la Cabeza y es un centro de día de mayores fascinante. No puedes decir que sea bonito, pero es un viaje en el tiempo. Recomiendo a todos ir allí, y a la Casa Palazuelos, tiene una escalera preciosa.

¿Una canción que te recuerde a Madrid? Pongamos que hablo de Madrid, de Sabina. Me encanta.

Una anécdota de esas que dices, esto solo me puede pasar en Madrid? Estaba un día por la zona de detrás de la Plaza de la Villa, sentada en un banco, hacía mucho frío y estaba releyendo el primer capítulo, y el personaje pasaba por la Plaza de Puerta Cerrada, por la zona en la que yo estaba. Cerré los ojos y bueno, fue un viaje en el tiempo. Se me ponen los pelos de punta. Eso solo me pasa a mí en Madrid.

¿Qué tiene Madrid que no tiene otra ciudad? Madrileños. Somos los mejores, con el permiso de todos los demás.

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CARLOS ECHEGUREN CONDE

El Resurgir de Madrid

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CARLOS ECHEGUREN CONDE

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Cuatro tecnológicas contratarán a 6.000 personas
febrero 26, 2024

Cuatro tecnológicas contratarán a 6.000 personas de entre las que se formen en sus herramientas digitales

Amazon, Microsoft, Oracle y SAP sellan un acuerdo con la Comunidad de Madrid, que invertirá 20 millones en un programa formativo en tecnología destinado a cubrir las necesidades de personal de estas compañías
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Futura Ciudad de la Justicia de Madrid
febrero 28, 2024

Las obras de la futura Ciudad de la Justicia arrancarán en 2025 con 683 millones de euros de inversión

Se van a unificar en una sola zona de Valdebebas, en la que se levantarán hasta 13 edificios nuevos, las actuales 26 sedes judiciales que hay repartidas por la ciudad de Madrid